Hace unos años realicé un reemplazo de pocos días en el servicio de cirugía de un hospital público. Allí viví una historia que dejó profundas huellas en mí.
En una sala donde están los pacientes menos graves, en una cama al lado de una ventana, la sexta cama de esa sala, había un paciente extranjero, joven, haitiano.
Se revolcaba, se movía, de un lado a otro. Tenía dolor, dolor abdominal. A su lado, su mujer, tan joven como él, expresaba en sus ojos la desesperación de no poder hacer nada y tampoco saber qué hacer.
Le consulto a la enfermera de sala y me indica que es un ingreso desde el servicio de Urgencia, por el gran dolor causado por un cáncer no diagnosticado, encontrándose en fase de fin de vida.
¿Por qué no está con algo para el dolor?, inquirí. El médico no lo ha indicado, fue la respuesta. ¿Dónde está el médico?, pregunté. En pabellón, se me dijo.
Me dirigí hacia allá, y aunque no me dejaron avanzar de la recepción por la asepsia que debe haber, ubiqué al médico y le relaté brevemente la situación del paciente, solicitando se le administrara morfina.
El profesional se excusó diciendo que es complejo hacer la receta, ya que es un fármaco de manejo delicado. Le indiqué que el paciente estaba en fase de fin de vida, y le pregunté si podría morir sin dolor. Verifiqué que dejara la indicación escrita en ficha. Esto fue un viernes. El lunes, al llegar, quería saber cómo estaba el paciente. Había fallecido el sábado… pero había partido sin dolor.
Los Cuidados Paliativos tienen como propósito aliviar el sufrimiento asociado a las personas con enfermedades incurables, y la Ley 21.375 consagra los cuidados paliativos y los derechos de las personas que parecen enfermedades terminales o graves, es necesario comenzar a crear conciencia de que no se debe morir con dolor.
En Chile fallecen 100.000 personas al año, de las cuales 47.000 requerirán cuidados paliativos que no son de tipo oncológicos.
Aun el sistema debe contar con el personal adecuado y especializado para atender a los usuarios que lo requieran, en el área pública y privada de salud.
Como profesional no médica que ha trabajado en salud pública, esta es una oportunidad valiosa para poder ayudar a aquellos que, al sufrir, necesitan más humanidad que nunca.


